The greater the artist, the greater the doubt. Perfect confidence is granted to the less talented as a consolation prize

Robert Hughes


CÓMO SE HIZO LA LEYENDA DEL HIBISCO


La leyenda del hibisco es un puzle que elaboré con cariño tomando y adulterando a mi conveniencia y con mucha imaginación, una pizca de realismo mágico (o no tanto), fantasía, ciencia, espiritualidad, metafísica, amor y leyenda. Confío en transmitir su «esencia» («aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas»), la cual me ha ido siendo revelada a lo largo de muchos años, a través de signos, mensajes, sincronicidades y experiencias; a través de libros y maestros de ahora, como Anthony de Mello o Eckart Tolle por citar solo algunos, y de siempre (Nuevo Testamento, Tao Te King).

Lo que trasciende la mera esencia es producto de mi innata curiosidad por conocer la verdad y mi capacidad para cuestionarlo todo hasta llegar a ese punto en que uno se da cuenta de que la realidad y la ficción, la verdad y la mentira, podrían estar entremezcladas de tal manera que la respuesta más sensata a muchas preguntas es: “Tal vez”. Ello no significa que reste credibilidad a las obras y fuentes que seguidamente cito. Todo lo contrario: debo conducirme con humildad y prudencia por no sentirme capaz de ratificar ni desmentir cuanto leo, a causa de mi ignorancia en muchos campos. No estamos ante una novela histórica, científica o metafísica, en cualquier caso, lo cual me ha dado libertad para elegir como trasfondo de la misma, aquellas teorías, técnicas o historias que sencillamente resuenan dentro de mí o, que, cuando menos, me parecen sumamente interesantes.

Algunas fuentes que de un modo más o menos directo han inspirado la novela:

Libros que «me buscaron» años atrás: los tres libros de Telos, Revelaciones de la Nueva Lemuria, de Aurelia Louise Jones; Nuestro Hogar (libro del médium Chico Xavier atribuido al espíritu André Luiz, con una interesante versión cinematográfica) y La Dama Azul, de Javier Sierra.

Libros que consulté con ocasión de La leyenda del hibisco: The History of the Hopi From Their Origins in Lemuria, de Kaih Khristé King; Journeys out of the Body, Far Journeys y Ultimate Journey, los tres de Robert A. Monroe, a quien el protagonista debe el nombre de su «yo superior»; La puerta de los tres cerrojos de Sonia Fernández-Vidal (cuántica básica) y The Smoky God (un viaje al mundo intraterreno) de Willis George Emerson, por mencionar solo algunos.

Interesantes blogs o sitios web tales como: elblogalternativo.com y lacocinaalternativa.com (dos “must” de la vida alternativa y la alimentación saludable respectivamente); davidtopi.com (mi enciclopedia metafísica); los sitios Resembrando e Intercambiando y elmundoquenosespera.blogspot.com, que me arrojaron luz sobre agroecología, y chamanismoenelmundo.com, completo y detalladísimo sitio sobre ceremonias de los indios nativos y más.

Hay algunas personas cuyas teorías y aportaciones a la física, la medicina o, en términos amplios la sanación han inspirado también mi vida y mi obra. Por poner algunos ejemplos: el Doctor Hew Len y su contribución a la difusión de la maravillosa técnica ancestral de sanación y resolución de conflictos denominada Ho’oponopono; el investigador Masaru Emoto, autor del libro Mensajes del Agua sobre la capacidad del pensamiento y las emociones para alterar la estructura molecular del agua y con ello el mismo comportamiento humano; la matemática e investigadora Annie Marquier («el corazón tiene cerebro»), y el doctor en física Jean-Pierre Garnier Malet y su teoría sobre el desdoblamiento del tiempo y del espacio.

Dicho todo lo cual, me gustaría añadir que ciertos sucesos narrados en la novela, afortunada o desafortunadamente se inspiraron en noticias de «actualidad». Tal fue el caso de la quema de maizales por los valientes agricultores húngaros (nótese que solo quemaron su propio maíz). En más de una ocasión se vieron los húngaros obligados a quemar sus campos al hallar en ellos semillas transgénicas. La determinación de este pueblo, primero en Europa en erigirse como estado libre de transgénicos, y su amor por la agricultura bien entendida me producen gran admiración. Asimismo, la novela se hace eco de la noticia de unos inmigrantes que en el año 2013 perdieron la vida al incendiar su barca averiada frente a la costa de Lampedusa, con el fin de ser rescatados (la pena de cárcel por cooperar con la mal llamada inmigración clandestina es producto de mi imaginación); y de esa otra del terremoto de 2012 junto a la costa de Tarragona a causa de la instalación subterránea de un depósito de gas.

No puedo dejar de hacer una mención muy especial a todos aquellos que dedican o han dedicado su vida a la música o al arte, que tanta influencia ejercen en mi obra; e igualmente, a todas las gentes de bien que diariamente trabajan en el campo y a aquellos que investigan y promueven una interacción armoniosa y responsable del hombre con la Tierra, el cuadro más bello de la creación.

And last but not least, quisiera expresar mi gratitud al anciano sacerdote que aquella tarde, sentado junto a un hibisco en la puerta de una ermita con vistas al mar, me inspiró el título de esta novela al hablarme de la flor que solo vive un día o, a lo sumo, dos.

Muchos más me inspiraron por el camino. Con sus verdades completas, con sus verdades a medias. No crean todo lo que lean, aprehendan solo la esencia pero mantengan la mente abierta; un día podríamos despertar y descubrir que es mentira aquello que ayer dábamos por cierto, que es verdad lo que considerábamos falaz. Como dice José Feliciano en su canción Che sarà, «si sé mucho o no sé nada, ya mañana se verá».

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